[AVENTURA APÓCRIFA DEL LAZARILLO DE TORMES]
Luego de asentarme con el escudero, quien me dejó varias deudas, de las cuales luego me libré, salí de él.
Tiempo después unas mujeres me llevaron a conocer a un fraile de la Merced. Era tan gordo como un jamón, pero aun así caminaba mucho y como su mozo, tenía que seguir su camino a la par. No era un buen amo, como tampoco era un buen fraile. Por eso y por cosas que no quiero contar decidí dejarlo a él también.
La misma mañana en la cual huí de mi anterior amo me encontraba caminando por el pueblo. El mismo era muy pintoresco, pero a su vez, estaba lleno de basura.